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MUSEO DE LA AVIACIÓN NAVAL ARGENTINA


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martes, 22 de mayo de 2012

COMO DEBERÍAMOS MORIR TODOS LOS MILITARES


Una de las cosas que con más cariño guardaba mi amigo Marcelo era este poema de Marechar:


<< Quiero vivir la vida aventurera
De los errantes pájaros marinos,
No tener para ir a otra rivera
La prosaica visión de los caminos.
Quiero volar cuando la tarde muera
Entre indecisos campos ambarinos
Y oponer a los raudos torbellinos
El ala fuerte y la mirada fiera.
Quiero llenarme de luz, ser soberano
De dos inmensidades, mar y cielo
Y cuando tenga el corazón cansado,
Morir, sobre un peñón abandonado
Con las alas abiertas para el vuelo>>


Nos encontramos el 12 de mayo, cuando la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque desembarcó del Portaaviones y llegó a Río Grande.

Era, sin lugar a dudas, un tipo excepcional. Su virtud más importante quizá haya sido el sentido del humor. Le permitía encarar la vida con una actitud positiva. Te hacia quedar como la mona con tu mujer al traerle flores, y criticarte porque hacía mucho que vos no le regalabas.

Era el padrino titular y el tío postizo de no sé cuántos chicos; y el candidato oficial para cuanta amiga soltera tenían las «brujas».

Me acuerdo que en algunas noches de aquel mayo, mientras escuchábamos la BBC, él estaba en la cucheta de arriba del «box» de al lado, riéndose a carcajadas con el libro «Best Seller» de Fontanarrosa.
Un día estábamos viendo el noticiero, donde una abuelita entregaba la alianza de su fallecido esposo al fondo patriótico y me comentó:

«Por toda esta gente, o ganamos o volvemos todos con los pies para adelante»; yo le pregunté si a veces no le pasaba por la cabeza la idea de que éramos el material de descarte de un plan con fines no muy claros, y me comentó: «Qué importancia tiene. Sea como sea, mañana te vas a subir al avión y vas a ir, ¿o no?».

Tenía razón. Por eso, el 21 de mayo, cerca de las 14 hs., con una empanada en la mano y otra -que se guardó en el torso (nos tocó rancho volante), se subió al A4-Q y despegó hacia el Estrecho de San Carlos.

Monumento en memoria del Teniente de Fragata Marcelo Gustavo Marquez, aeroclub de Batán.
El piloto del «SEA HARRIER» que lo derribó, Lieutenant John LEEMING, relató en el libro «Air War South Atlantic» lo sucedido: «El estaba a casi 0 pies, yo estaba a 50 pies. No había hecho seña alguna de haberme visto, escapaba lo más rápido que podía. Disparé un par de tiros que levantaron el agua alrededor de su avión. Debe haberse dado cuenta en ese momento de lo que sucedía, ya que giró bruscamente a estribor, pero era demasiado tarde. Estaba a sólo 200 yardas. Cuando empezó a girar, puse la mira sobre su cabina y disparé; cuando los primeros proyectiles lo golpearon, el avión explotó. Pienso que el motor debe haber explotado porque el avión se desintegró».

Según esta fuente, fue así cómo murió el Teniente de Fragata Marcelo Gustavo Márquez. Estoy seguro que Marcelo hubiese elegido esta muerte si se lo hubiesen permitido, cumpliendo con su misión, como deberíamos morir todos los militares.

Bahía  Blanca, 22 de septiembre de 1986.
 Por: Teniente de Navío Armando Mayora, Aviador Naval.

PUBLICADO EN LA REVISTA MACH 1 Nº 62 ( EDICION ESPECIAL A 20 AÑOS DE LA GESTA DE MALVINAS - AÑO 2002.

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